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( Material tomado y editado de los archivos del Metropolitan Operan de N. York)
Umberto Menotti María Giordano nació en Foggia, Italia, en 1867. Hijo de un farmacéutico, Giordano no estaba predestinado a una vida musical. Su padre pensaba que tenía talento para esgrimista, y hasta se opuso a su deseo de ser compositor. Afortunadamente, Giordano no prestó atención a los deseos de su padre y se inscribió en el conservatorio de Nápoles en 1882.
A la temprana edad de 23 años, Giordano recibió un gran incentivo en su carrera formal de compositor. Presentó Marina, una de sus obras escritas en el conservatorio, al famoso concurso de óperas de un acto del editor Sozogno. Cavalleria Rusticana fue la obra ganadora, pero Marina quedó en sexto lugar entre 73 competidores.
El éxito fue todavía más importante porque Giordano era el candidato más joven. A Sonzogno no le había agradado el libreto de Marina, pero encargó otra ópera del joven compositor: Mala Vita (La Vida Mala), una obra sórdida acerca de un trabajador que intenta rescatar a una prostituta de su vida de pobreza. La ópera escandalizaría a la audiencia italiana, pero haría suceso en Alemania y en Austria. Desafortunadamente, su siguiente ópera, Regina Diaz, no fue ni tan revolucionaria ni fue tan bien recibida. La ópera fue dada de baja después de apenas dos funciones. Sonzogno decidió desistir de Giordano; pero por fortuna, Alberto Franchetti, un compositor más experimentado, lo ayudó convenciendo al editor a que diera una segunda oportunidad al joven compositor. Hasta le dio uno de sus propios libretos, escrito para él por Luigi Illica, un colaborador de Puccini. Dicho libreto fue el de Andrea Chénier.
Mientras trabajaba en Chénier, Giordano vivió la vida prototípica del artista hambriento. El único espacio que podía rentar era una habitación en el depósito de una morgue, en donde componía rodeado de lápidas. Irónicamente, al mismo tiempo, su libretista Illica estaba colaborando con Puccini en La Bohéme.
Preocupado con la temática de Chénier, Sonzogno casi llegó a la decisión de no producir la ópera. Afortunadamente, Mascagani la recomendó para una producción en La Scala, donde la ópera fue estrenada en 1986 con gran éxito. En realidad, después del triunfal estreno estadounidense, Sonzogno envió un telegrama a Giordano con las felicitaciones: “CHÉNIER TRIUNFANTE. EL ÚLTIMO ACTO GENERÓ UNA EUFORIA FANÁTICA. SUCESO. SUCESO. SUCESO.”
Giordano prosiguió a componer su segunda ópera más conocida, Fedora, en 1898. La ópera cuenta la historia de una princesa rusa que, sin querer, se enamora del asesino de su prometido. Su siguiente ópera, Siberia, estrenada en 1903; estaba basada en La Casa de Los Muertos de Dostoievski.
Proseguirían sus óperas Marcella, Mese Mariano, Madame Sans Gêne, y Giove a Pompei (escrita con Franchetti). Desafortunadamente, los sucesos de estas óperas no se compararían con los de Chénier o Fedora. La Cena Della Buffe, estrenada en 1924, fue su último gran éxito. Después del estreno de Il re (El Rey), en 1929, ya no completaría ninguna otra ópera. Giordano pasó los últimos años de su vida enseñando, escribiendo canciones de cámara y otras pequeñas piezas. Falleció en 1948.
PRIMER ACTO. Primavera de 1789, en el Castillo de Coigny, en las cercanías de París. Gérard, criado de la Condesa de Coigny, se burla de la aristocracia y de sus modales. Al observar a su padre lidiando con un mueble, Gérard lamenta el sufrimiento de todos los criados sujetos a sus amos arrogantes (“Son sessant’anni”). Aparece Maddalena, hija de la Condesa, Gérard se da cuenta de cuánto la ama.
Atareada con los preparativos para una velada esa misma noche, la Condesa regaña a Maddalena por no estar vestida aún. Maddalena se queja ante Bersi, su criada, por la incomodidad de los atuendos de moda y sale corriendo a cambiarse. Entre los invitados se encuentra Fléville, un novelista que ha traído consigo al poeta Andrea Chénier, una estrella en ascenso. Después de que el Abad relata las recientes noticias deprimentes de París, Fléville anima la fiesta con un pastoral que ha escrito para la ocasión. Maddalena pide al renuente Chénier que improvise un poema (“Un dì all’azzurro spazio”). Chénier escandaliza a los invitados con su crítica a la indiferencia que el clero y la aristocracia tienen para con el sufrimiento del los pobres. La gavota de los invitados es interrumpida por Gérard, que ingresa con un grupo de campesinos hambrientos. La Condesa expulsa a Gérard junto con la gentuza. Los agasajados son invitados a continuar con la gavota; pero, en vez de hacerlo, se retiran, dejando a la Condesa a solas.
SEGUNDO ACTO. Primavera de 1794, en el Cours-la-Reine en París. La Revolución ha empezado y el “Reinado del Terror” está en su apogeo. Para esquivar al Increíble, un espía, Bersi finge ser una hija de la Revolución (“Temer? Perchè?”). El Increíble no se deja engañar y nota que Chénier está esperando a alguien en el Café Hottot. Allí se encuentra Chénier con su amigo Roucher, que ha traído un pasaporte con el propósito de que Chénier pueda salir del país sin peligro. Chénier dice que su destino es quedarse para encontrar el amor que nunca tuvo y descubrir quién ha estado escribiéndole cartas anónimas (“Credo a una possanza arcana”). La conversación es detenida por una procesión de dignatarios guiados por Gérard. El Increíble aparta a Gérard para preguntarle por la mujer a quien está buscando. Gérard le describe a Maddalena. Mientras tanto, Bersi pide a Chénier que espere en el café por alguien que quiere conocerlo. Maddalena aparece y revela a Chénier que ha sido ella quien escribiera las cartas. Los dos prometen amarse hasta la muerte ("Ora soave"). El Increíble, al ver a Chénier y Maddalena juntos, trae a Gérard, quien es herido mientras Chénier defiende a su amada. Gérard, sin embargo, reconoce a Chénier y le pide que escape y proteja a Maddalena. Cuando la multitud se reúne y pregunta quién ha herido a Gérard, él contesta que su agresor era desconocido.
TERCER ACTO. 24 de julio de 1794, en la corte del Tribunal Revolucionario. Mathieu, un revolucionario, intenta sin éxito convencer a la multitud a que haga donaciones a la causa. Gérard, recuperado de su herida, hace una declaración apasionada por su patria. Madelon, una anciana que ya ha perdió a su hijo y a un nieto en la guerra, ofrece a su último nieto como soldado (“Son la vecchia Madelon”). Mientras se dispersa la multitud, aparece el Increíble. Si Gérard quiere quedarse con Maddalena, insiste el Increíble, primero debe arrestar a su amante, Chénier. Cuando Gérard escribe la acusación, se llena de remordimiento por el derramamiento de sangre que ha causado en su ascenso al poder. Reconoce que su nueva maestra es la pasión (“Nemico della patria”). Maddalena aparece apenas él entrega la acusación de Chenier para el secretario del tribunal. Gérard admite que ha tendido una trampa para ella y que la ama. Maddalena se ofrece a Gérard a cambio de la salvación de Chénier. Ella es una fugitiva, su madre ha sido asesinada durante la Revolución y su casa ha sido quemada (“La mamma morta”). Conmovido por el amor de Maddalena por Chénier, Gérard le promete intentar salvarlo. El Tribunal se congrega bajo la presencia de una muchedumbre incontrolable. Chénier pide por su vida ("Sì, fui soldato") y Gérard admite ante los jueces que la acusación que había escrito era falsa. Sin embargo, se llevan a Chénier y lo sentencian a muerte.
CUARTO ACTO. 25 de julio de 1794, en las ruinas de la prisión de Saint Lazare en París. Chénier lee un poema final (“Come un bel dì di maggio”) a su amigo Roucher, y ambos se dan una última despedida. Gérard y Maddalena se encuentran con Schmidt, el carcelero, a quien Maddalena soborna con algunas joyas para que le permita tomar el lugar de otra mujer joven sentenciada a muerte. Gérard parte para abogar una vez más ante Robespierre por el caso de Chénier. Maddalena le dice a Chénier que está allí para morir con él. Mientras el día amanece, comparten un momento final ("Vicino a te") antes de ser conducidos a la guillotina.