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Verano de 1819. Beethoven vive en la casa de la familia Hafner. Su objetivo inmediato: concluir su Misa que había prometido tener lista para los comienzos de marzo del año siguiente, cuando fuese la coronación del archiduque Rodolfo.
Sin embargo, los obstáculos se le amontonaban a docenas. Según nos ha llegado en forma de mitad historia, mitad leyenda, el ya casi totalmente sordo maestro trabajaba intensamente en la fuga del Credo.
Las tareas mundanas de la casa estaban en manos de dos mujeres que se habían esmerado en prepararle una deliciosa cena. Sin embargo, las horas pasaban y Beethoven totalmente ensimismado en su escritura hacía caso omiso de los avisos que la comida se quemaría. Finalmente ocurrió; no solo que su cena se quemó sino que las criadas no aguantaron y se durmieron a cada costado de la chimenea. Todo se precipitó. Al fuerte olor a quemado se le sumó la cataratas de insultos de Ludwig, obviamente en un altísimo volumen que alarmó a todos los vecinos y espantó a las dos mujeres que de inmediato huyeron de la casa.
Beethoven quedó entonces sumido en una falta de higiene total, tanto personal como de su habitat. Continuaba su ardua labor en medio de una absoluta desatención del resto de las cosas. Finalmente los vecinos se apiadaron. Unos se ocuparon de ayudarlo a higienizarse. Otros le trajeron comida. Pero estos hechos hayan sido parcial o totalmente verídicos se volverían a repetir con asiduidad, lo que llevaría a demorar la finalización de la Misa a 3 años mas!