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Chopin Frederic

 

Extraido y editado de Radio Beethoven

Fecha Nacimiento: 1810-3-1 en Zelazowa Wola (Polonia)
Fecha Muerte: 1849-10-17 en París



La música de Frederic Chopin representa lo más puro dentro de la tradición pianística romántica al incorporar, mejor que ningún otro compositor, las características técnicas y expresivas del instrumento. Su talento para el teclado se reveló precozmente y ya a los siete años el pequeño Frederic daba recitales en los salones aristocráticos de Varsovia, la ciudad que lo había visto nacer en 1810.

Hijo de un profesor francés, Chopin no sólo recibió un gran estímulo de su familia, sino también, de uno de sus maestros, Josef Elsner. Gracias a su apoyo, se interesó en aprender y trabajar con las formas tradicionales, ingresando, para ello, al Conservatorio local en 1826. Sin embargo, sus tendencias naturales lo condujeron, desde un comienzo, a dedicar la mayoría de sus obras al piano.

Cuando Chopin egresó del Conservatorio de Varsovia decidió viajar al extranjero para adquirir experiencia y lograr una proyección internacional. Las visitas de Hummel y Paganini a su ciudad natal le habían mostrado cómo obtener fama con su virtuosidad y gracias a esto tuvo un auspicioso debut en Viena en 1829. Junto con alabar su estilo interpretativo, la crítica y el público mostraron interés por el repertorio que ofreció, repertorio conformado por sus propias creaciones.

Fue para estos primeros recitales que Chopin compuso sus obras para piano y orquesta, las que explotan principalmente el virtuosismo pianístico antes que una cohesión y diálogo entre solista y orquesta. Sin embargo, son partituras de gran belleza como es el caso del Concierto No.2 inspirado por el amor de Chopin hacia Constanza Gladkowska alrededor de 1829.

Tras ofrecer un exitoso concierto en Varsovia, Chopin retornó a Viena en 1830 intentando consolidar la proyección internacional que tanto deseaba. Pero esta vez la recepción fue apática, así que, profundamente apenado por ello, el músico decidió probar fortuna en París y Londres. Durante el trayecto, supo que los rusos habían capturado Varsovia y estuvo obligado a establecerse en la capital francesa.

En París publicó una de sus primeras obras de madurez, la Balada en sol menor Op.25, primera de una serie conformada por cuatro partituras similares y que, se dice, fue inspirada por poemas de Adán Mickiewicz, amigo de Chopin que compartía un similar destino como patriota fugitivo. Un carácter parecido quedó plasmado en los scherzi, otro grupo de obras que Chopin compuso pensando más en sí mismo y en un pequeño grupo de admiradores, que en el público masivo. Esta serie otorgó al scherzo pianístico un significado completamente distinto al desarrollado por Beethoven y Schubert en movimientos similares, con una atmósfera mucho más dramática y casi trágica.

Gracias al éxito obtenido en su primer concierto en la capital francesa, el 26 de febrero de 1832, Frederic ingresó rápidamente a la vida artística parisina y, entre sus admiradores y amigos, estaban Liszt, Berlioz y Meyerbeer. Además tuvo la buena fortuna de contar con el patrocinio de algunas familias de la nobleza parisina y con ello no sólo accedió a los círculos sociales más altos, sino que también aseguró su futuro económico.

Chopin se convirtió en el profesor de piano de moda y el considerable dinero que obtuvo como tal le permitió evitar la típica lucha que debe sostener todo interprete público. No hay otro ejemplo similar en la historia de la ejecución pianística, si se piensa que Frederic construyó su legendaria reputación dando sólo 30 conciertos y, de hecho, luego de aquel en 1832, no dio otro hasta 1841, aparte de algunos privados. Sin embargo, su creatividad siguió en pleno y producto de su labor como profesor de piano compuso, entre otras piezas de dificultad variable una serie de Estudios. Escritos entre 1829 y 1836, este ciclo no sólo proporciona y ejercita un problema técnico, sino que además provee pasajes virtuosísticos y varias posibilidades para la expresión sentimental.

Parte de la buena acogida que recibió Chopin en los círculos sociales más refinados se debió al repertorio que interpretaba, principalmente piezas de carácter y variantes de danzas. Valses, nocturnos, mazurcas y polonesas fueron llevados a alturas impensadas, mucho más allá de sus orígenes folclórico, popular o aristócrata. A este respecto, los logros rivalizan con el alto valor otorgado por Schubert a sus ländler y danzas alemanas.

Un buen ejemplo lo constituyen las polonesas, obras que Chopin comenzó a escribir a los ocho años siguiendo el esquema original de esta danza cortesana, que se ha comprobado no ser oriunda de Polonia sino de Francia. Gradualmente fue convertida por Frederic en un poema realmente épico, caballeresco y con gran energía; la danza se fue haciendo más densa con su nuevo peso, heroísmo y lirismo, alcanzando incluso características dramáticas en algunos trabajos. Parecido es el caso de la mazurca, que proviene de la provincia de Mazovia, una danza mucho más popular y humilde que la polonesa, ceremoniosa y aparentemente reservada a los salones suntuosos, que Chopin abordó ya fuera como piezas ingeniosas, casi infantiles, o como partituras con una construcción más sólida y una concepción más original de la danza.

La relación amorosa más importante en la vida de Chopin fue, sin lugar a dudas, aquella que sostuvo con Aurore Dudevant, conocida por su seudónimo de George Sand. Si bien se conocieron en el otoño de 1836, su primera impresión no fue del todo favorable, y la pareja no se unió hasta después del fracaso amoroso de Frederic con Maria Wodzinska.

Influida por la profunda fascinación y pasión experimentada por George Sand, la imaginación musical de Chopin alcanzó un altísimo grado de excitación que se mantuvo por casi nueve años. Un viaje de los amantes a la isla de Mallorca, durante el verano de 1838, estimuló la creación de notables partituras, entre las que se cuentan los famosos 24 Preludios para piano, que Chopin había comenzado varios años antes y para los cuales tenía reservado el número de Op.28 para su publicación. Aunque su nombre lo sugiere, ninguna de estas piezas es una introducción a algo, ya que su origen descansa en la extraordinaria diversidad de preludios contenida en "El clavecín bien temperado" de Johann Sebastian Bach.

El término de su apasionada relación con George Sand marca la última etapa en la vida de Chopin y produjo la pérdida de todo interés por componer. La revolución que estalló en París en 1848 lo obligó a aceptar una invitación a Inglaterra, país al que arribó en abril y en donde, a pesar del precario estado de su salud, realizó algunos conciertos, uno de ellos para la Reina Victoria.

Después de su retorno a Francia en noviembre su enfermedad se agravó y casi un año más tarde, el 17 de octubre de 1849, Frederic falleció, acompañado por su hermana y otros amigos polacos. Los últimos trabajos que Chopin escribió e interpretó fueron las Mazurcas Op.63 y la Sonata para cello y piano Op.65, partituras que, en cierto modo, reflejaron el estado sentimental del músico después de su reciente término con George Sand.

En el caso de la Sonata, su creación se inició en 1845 y se extendió hasta el año siguiente, logrando ser estrenados sólo tres movimientos de ella en París, en febrero de 1848, poco antes de la revolución. Ese concierto fue el último realizado por Chopin en la capital francesa y actuó junto a su amigo August Franchomme, cellista a quien estaba dedicada la obra.

El hecho de que Chopin no tuviera tanto interés por trabajar dentro de las formas clásicas se debió, al parecer, que en ellas no podía desarrollar por completo la faceta expresiva de su creación. La mejor muestra son las únicas tres sonatas que compuso. La primera, escrita a los 17 años y publicada como Op.4, fue una obra de estudiante que buscaba impresionar al maestro intentando abordar las estructuras tradicionales.

Pero la segunda, escrita entre 1837 y 1839, reveló un manejo más libre y una mayor facilidad en el desarrollo de las formas. Chopin tenía 29 años cuando la completó y le proporcionó una unidad excepcional, marcando en varios aspectos una revolución en el género. No sin razón, Robert Schumann, después de escucharla, exclamó escandalizado "Chopin ha unido a cuatro de sus hijos más locos!", porque en efecto toda la sonata se aleja de la forma tradicional, con dos movimientos muy dramáticos seguidos por la enorme intensidad expresiva de la marcha fúnebre y del breve presto final.

En la tercera y última sonata, compuesta cinco años después, Chopin construyó su trabajo mejor proporcionado en términos clásicos, aún cuando posee importantes ideas estructurales y una tonalidad bastante inusual.