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Los cuentos de Hoffmann. Offenbach

 

Extraido y editado de Radio Beethoven y Clasica y Opera


Compositor: Jacques Offenbach
Libreto: Jules Barbier, basado en una obra del propio Barbier y Michel Carrè sobre cuentos del poeta alemán E.T.A. Hoffmann
Título original: Les Contes d'Hoffmann
Estreno: Opera Cómica de París
Fecha: 1881 - 10 de febrero
Acción: Munich a finales del siglo XIX

Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann (1776-1822) es uno de los escritores alemanes más importantes, pero también fue músico, compositor, pintor, escenógrafo, caricaturista, jurista y funcionario público, en los primeros tiempos del Romanticismo, a cuya irrupción contribuyó no poco. A causa de su veneración por Mozart, cambió su tercer nombre por el de Amadeus y entró así en la historia como E. T. A. Hoffmann. Su fuerte era la descripción de lo sobrenatural: casi todas sus obras lindan con ámbitos ocultos, rozan lo extravagante, lo inquietante, lo fantástico.

Los importantes dramaturgos parisienses Jules Barbier y Michel Carré, admiradores de Hoffmann, llevaron al escenario en 1851 una obra en la que con gran habilidad e inspiración reunieron numerosos personajes de los cuentos de Hoffmann en una acción de conjunto que giraba alrededor del poeta. Offenbach, que había visto la pieza, no pudo dejar de pensar en ella durante veinte años. Luego decidió ponerle música. Jules Barbier (1825-1901) convirtió la obra de teatro en libreto y escribió un texto sumamente vivaz, lleno de acción y emoción, con muchos fenómenos sobrenaturales, con magia y apariciones fantasmales, pero también con pasión y amor, con actuación y técnica, con enfermedad y muerte. Lamentablemente, no es posible establecer con seguridad el orden de las escenas del libreto original: ¿Olimpia-Antonia-Giulietta u Olimpia-Giulietta-Antonia? Hay además otras variantes no carentes de importancia entre las distintas versiones que en el curso de cien años se han llevado a escena. Como fuese, uno de los libretos más intensos de la historia de la ópera, un tesoro para los directores de escena y escenógrafos, se había ganado para el teatro.
Casi se podría decir que sólo en la hora de la muerte descubrió el rey de la opereta parisina lo que había creado. Su ópera Los cuentos de Hoffmann hace resplandecer con los colores más puros la exuberante alegría de su música. La inspiración melódica es en esta obra más fuerte que nunca; el trabajo armónico, más pensado y sutil. En esta obra, Offenbach es lírico, dramático y fantástico y en algunos momentos no puede por menos de ser cómico. Es muy serio, sensible, dulce, sensual, según lo necesite la escena. Domina el aria con la misma seguridad que los pequeños y grandes conjuntos. Muchas cosas son geniales, por ejemplo el momento en que la canción del pequeño Zack pasa de la descripción del enano jorobado al himno a la turbadora belleza de su ex amada; la escena grotesca del criado Franz; la escena realmente fantasmal del doctor Mirakel.

El 18 de mayo de 1879, Offenbach repartió invitaciones para un concierto privado: además de numerosos personajes eminentes, aparecieron los directores de la Opera Comique de París y de la Hofoper de Viena, los señores Carvalho y Jauner. En el programa había muchos números terminados de la ópera Los cuentos de Hoffmann. La obra pareció interesar mucho a ambos. Pero Offenbach no pudo terminarla. En agosto de 1880 describió a su hija los detalles de su actividad de compositor, de donde se puede concluir que a la ópera le faltaban todavía partes esenciales. Offenbach estaba muy enfermo y presentía su muerte. Cuando falleció, el 5 de octubre de 1880, la familia hizo saber que Los cuentos de Hoffmann estaban terminados y que había indicaciones detalladas para la orquestación que faltaba, pero esas afirmaciones han sido puestas en duda por las modernas investigaciones. De todos modos, la familia encargó a Ernest Guiraud (que en 1875 había compuesto los recitativos de Carmen) que dejara la obra «lista para representarse». Guiraud realizó un trabajo excelente. Y Les contes de Hoffmann se estrenó el 10 de febrero de 1881 en la Opera Comique de París. De todos modos, Carvalho, el director musical y de escena, suprimió el acto de Giulietta por considerarlo «demasiado largo y confuso».

Pocos meses después, el 7 de diciembre de 1881, la obra se representó por primera vez en idioma alemán. Franz von Jauner, que había dejado de ser director de la Hofoper de Viena, en aquel momento ocupaba el cargo de director del Ringtheater de la misma ciudad, en el que la ópera de Offenbach fue representada y aplaudida con entusiasmo. La segunda representación se había fijado para la noche siguiente; aquel 8 de diciembre de 1881 se convirtió en uno de los días más aciagos de la historia del teatro. El Ringtheater se incendió durante la representación de Los cuentos de Hoffmann; hubo varios centenares de muertos. Durante mucho tiempo la superstición impidió las representaciones en el ámbito del idioma alemán. Luego, la obra también se impuso allí, aunque no con la misma fuerza que en el resto del mundo.

La celebración del centenario del fallecimiento de Offenbach provocó un verdadero diluvio de representaciones de esta obra, que a decir verdad no responde al modelo de la «offenbachiada», pero que sin duda es su obra más profunda y bella

 

ARGUMENTO

Prólogo

Nürenberg. Cervecería de Luther, junto al teatro de la ópera, en donde la famosa cantante Stella interviene en la representación de ”Don Giovanni” de Mozart.

Los clientes piden cerveza y vino. Entra Lindorf, un hombre casado, que corteja a Stella y soborna al criado Andreas, para que le entregue una carta que Stella ha enviado a Hoffmann, en la que está incluida la llave de su habitación. Lindorf tiene el propósito de sustituir a Hoffmann.

Llega grupo de estudiantes cantando vigorosamente, dirigidos por Hermann y Nathaniel. Éstos proponen un brindis a Stella, y después preguntan a Luther por Hoffmann. En este preciso momento llega Hoffmann con su amigo Nicklaus, parodiando a Leporello en “Don Giovanni” señala cómo le cansan las aventuras permanentes de Hoffmann.

Hoffmann, al principio tiene un aire reflexivo, pero luego, respondiendo a las peticiones de los demás, entona una cómica canción sobre el enano Kleinzach, pero su inspiración romántica le lleva luego por otro camino, y canta su afán hacia el amor. Hoffmann recibe burlas de Lindorf y reconoce en él las fuerzas mismas del mal, que siempre le han acosado.

La conversación se centra ahora en las amigas de los estudiantes y Hoffmann habla de sus tres amores. Desatendiendo el aviso de Luther de que el telón va a levantarse para seguir con “Don Giovanni”, los estudiantes se disponen a escuchar el relato de los tres amores de Hoffmann. El primero se llamaba Olympia...

Acto primero (“Olimpia”)

Casa del físico e inventor Spalanzani, en París, donde éste da los últimos toques a su maravillosa nueva creación: Olympia, una muñeca mecánica que parece una muchacha de verdad.

Hoffmann, que se ha enamorado locamente de Olympia, llega a la casa de Spalanzani para verla, con el pretexto de tomar lecciones científicas.

El inventor da una fiesta en su casa y se va a preparar la llegada de los invitados, mientras Hoffmann descubre a la muchacha oculta en una habitación y expresa su admiración por ella.

Llega su amigo Niklaus y le ruega que no haga más el ridículo con la muñeca, pero Hoffman no el hace caso.

Irrumpe luego el espantado doctor Coppelius, que recuerda al diablo. El es quien ha proporcionado los ojos que dan a Olympia su apariencia definitivamente humana, pero ahora viene a cobrar, incomodando a Spalanzani, que finalmente le paga.

Coppelius le vende a Hoffmann unos anteojos que le hacen ver aún más atractiva a Olympia.
Llegan los invitados y el dueño de casa presenta a la muñeca, que cantará una canción llena de efectos vocales.

Mientras los invitados cenan, Hoffmann, pese a los avisos de su amigo Niklaus, declara su amor a Olympia, que responde sólo con monosílabos.
Luego comienza el baile y Hoffmann danza con Olympia hasta que ésta se desarma sus brazos.

Coppelius advierte a Spalanzani que lo ocurrido está bien por haberle pagado con un cheque sin fondos, a la vez que Hoffmann se horroriza por haberse enamorado de una muñeca. Todos los presentes se burlan de Hoffmann, pero Niklaus lo consuela y se lo lleva fuera del lugar.

Acto segundo (“Antonia”)

Munich. Casa de Crespel, de cuya hija Antonia se ha enamorado ahora el poeta Hoffmann. Antonia es una mujer sensible y muy hermosa, y Hoffmann cree haber hallado en ella su ideal.

Antonia canta sentada al piano. El padre entra acongojado, pues su hija está enferma y no debe cantar, pero ella ha heredado la bella voz de su madre, muerta de tisis, y Antonia está siguiendo sus mismos pasos. Antonia promete no volver a cantar, lamentando esa necesidad.

Crespel deja la casa advirtiendo a su criado Frantz que no deje entrara nadie. Pero esto no es obstáculo para que a la casa llegue Hoffmann y se encuentre con Antonia, quien al oírlo se alegra y canta con él un apasionado dueto.

Hoffmann debe ocultarse porque regresa el padre acompañado del doctor Miracle, personaje siniestro del que Crespel sospecha que fue el causante de la muerte de su esposa y madre de Antonia.

El doctor Miracle hace que la muchacha cante, tratando con ello de captar su alma. Crespel se indigna y echa de su casa al maligno doctor.

Hoffmann reaparece y pide su hija que no cante, pues su salud peligra. Pero apenas se ha ido, el doctor Miracle regresa y hace que Antonia oiga la voz de su madre, que la incita a cantar.

El siniestro personaje toca enloquecido su violín y Antonia canta sin cesar. Luego éste desaparece y Antonia cae muerta a los pies de Crespel y Hoffmann, en el momento en que estos entraban a la habitación.

Acto tercero (“Julieta”)

Una galería sobre el Gran Canal de Venecia.
Hoffmann no ha aprendido de sus errores y ahora se ha enamorado de Julieta, una bella cortesana veneciana. Esta canta junto con Niklaus la famosa “Barcarola”, lánguida y sensual.

Hoffmann canta su amor por Julieta, pero descubre que tiene un rival en Schlemil, que le impide su acceso a la mujer amada. Niklaus advierte a su amigo que no se deje llevar nuevamente por amores imposibles.

Aparece ahora otro ser maligno, Dapertuto, el verdadero amor de Julieta, quien se vale de ella para robar las almas de sus enemigos. Ofreciendo a la mujer un gran diamante que lleva consigo, Dapertuto consigue que Julieta robe la imagen de Hoffmann.

Dapertuto y Pitichinaccio, otro admirador de Julieta, se burlan ahora de Hoffmann, a la vez que Schlemil quiere atacar a Hoffmann ,pero este logra aniquilarlo y quitarle la llave de la habitación de la cortesana.

Pero, ya es tarde, pues Hoffmann ve pasar una góndola donde Julieta huye con Pitichinaccio.
Una vez más el poeta sufre las penas de amores imposibles y Niklaus sigue siendo su único consuelo

Epílogo

De nuevo la taberna de Luther en Nürenberg. Hoffmann ha terminado la narración de sus tristes amores. Niklaus comenta que en estas historias realmente había tres almas de mujer en una sola, y que ésta no es otra sino Stella. Pero el poeta ya ha renunciado al amor y sólo piensa en la Musa de su poesía, que ahora se le aparece.

La función de “Don Giovanni” que se representaba en el teatro cercano ha terminado y la cantante Stella regresa.Cuando se acerca a Hoffmann éste está borracho y dormido. Stella se va con Lindorf y Hoffmann se queda sólo, únicamente protegido por su Musa.