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El Barbero de Sevilla

Editado de los archivos de la Metropolitan Opera de N.York


Origen y Contexto de la Obra

 

En diciembre de 1815, el duque Francesco Sforza-Cesarini, propietario y empresario del Teatro di Torre Argentina, contrató a Rossini para que compusiera una nueva ópera para su teatro. Según se estipulaba en el contrato, Rossini se comprometía a componer una ópera en cinco semanas, con la condición de que aceptara cualquier libreto que el duque le diera, adaptara la música a las voces de cada cantante en particular, asistiera a los ensayos y dirigiera partes de la música. Dado que el duque Sforza-Cesarini había gastado mucho dinero en otras producciones, en ésta decidió gastar muchísimo menos. Por lo consiguiente, Rossini recibió sólo una pequeña suma por su trabajo, mientras que la estrella de la producción, Manuel García, recibió el triple.

El duque Sforza-Cesarini recurrió después a Cesare Sterbini, un poeta y oficial del Vaticano para que escribiera el libreto para la nueva ópera. La idea era sacar el tema de una obra de teatro satírica, Le Barbier de Seville, de Beaumarchais, a pesar de que ya existía una ópera bastante popular con el mismo tema. Giovanni Paisiello fue el compositor de la versión original, cuyo estreno se llevó a cabo en San Petersburgo el 26 de septiembre de 1782 y que se presentó después, ante enorme aclamación, en las casas de ópera italianas. Consciente de poder ofender al viejo compositor, Rossini le escribió a Paisiello explicándole por qué y cómo componía él su versión. Paisiello le respondió que en nada se ofendía y le expresó sus mejores deseos para el nuevo proyecto.

Sterbini prometió preparar un libreto en doce días y se lo presentó a Rossini. Éste, a su vez, terminó el primer acto el 6 de febrero de 1816 y se lo entregó al concertino de la orquesta ese mismo día. Los ensayos debían empezar el 7 de febrero, pero la noche anterior a los ensayos ocurrió una tragedia: el duque Sforza-Cesarini, con sólo 45 años de edad, murió de un derrame cerebral. Ni su sucesor, Nicola Ratti, ni Rossini tuvieron tiempo de llorar la muerte de Sforza-Cesarini; la nueva ópera tenía que prepararse cuanto antes para entregar parte de las ganancias a la viuda y a los hijos del finado. Rápidamente Rossini compuso el resto de la ópera, utilizando la música de cinco de sus previas obras así como la de otros compositores. De principio a fin, esta nueva obra se compuso en un lapso de tres semanas.

La versión de Paisiello de Il Barbiere di Siviglia era sumamente popular y a Sterbini, a Rossini y al nuevo empresario Ratti les inquietaba la reacción que el público tendría ante el nuevo escenario. Con el fin de distinguir su obra de la ya existente, Rossini intituló la nueva ópera Almaviva o La precaución inútil. Un anuncio impreso en el libreto incluía el siguiente aviso: "La comedia del Sr. Beaumarchais intitulada El barbero de Sevilla o La precaución fútil se está presentando en Roma, adaptada como dramma comico con el título de Almaviva o La precaución inútil". El propósito era convencer al público de los sentimientos de respeto y veneración que tenía el creador de la música del presente dramma hacia Paisiello, ya que éste había desarrollado el mismo tema con el título original.

Comprometido a aceptar el difícil encargo, Rossini quería evitar las acusaciones y la enemistad del inmortal compositor que, además, le precedía y, por lo mismo, expresamente solicitó que se reversificara completamente El barbero de Sevilla y que se le añadieran nuevas situaciones adaptadas a piezas musicales. Éstas, a su vez, tenían que actualizarse, ya que los gustos del teatro moderno no eran los mismos de la época durante la cual el célebre compositor había escrito su música. Lo que Rossini quería prevenir no tenía nada que ver con Paisiello sino que iba dirigido a sus admiradores. Paisiello tenía un grupo de leales y devotos seguidores que consideraban un descarado insulto la versión que Rossini había hecho de tan estimada ópera. La noche del estreno, el 20 de febrero de 1816, los mismos admiradores, a quienes apodaban Paisiellisti pasaron al Teatro Argentina dispuestos a provocar al compositor y al elenco. Rossini entró al teatro esa noche, vestido de traje de color de avellana, al estilo español, con botones dorados. La multitud expresó su opinión con silbidos, pitidos y carcajadas. Ése fue el comportamiento que marcó el resto de la noche.

Cuando Zenobio Vitarelli, el cantante que hizo el papel de Basilio, entró al escenario con un maquillaje extremadamente peculiar, los gritos y los silbidos lo distrajeron momentáneamente y cayó en el escotillón (trampa cerradiza) del escenario, raspándose la cara y casi quebrándose la nariz. Sangrando, sacó un pañuelo y cantó de todos modos, tratando al mismo tiempo de estancar la sangre. Como consecuencia, Vitarelli se vio obligado a ponerse en posiciones extrañas, provocando así más bullas de reprobación y risas por parte del público.

Un poco después, un gato entró al escenario mezclándose con los artistas. Luigi Zamboni, que hacía el papel de Fígaro, se dispuso a ir detrás del gato, pero éste salía por un lado y aparecía por otro, para después lanzarse dramáticamente a los brazos de Bartolommeo Botticelli (que hacía el papel de Dr. Bartolo). Luego, el gato saltó de allí y comenzó a fastidiar a Geltrude Righetti (Rosina) y a Elisabetta Loyselet, que se encontraban temerosas de ser arañadas. No fue sino hasta que el que hacía el papel de policía se acercó al gato con una espada que éste salió, pero ya para entonces el público estaba desatado, llamando al gato e imitando sus miaus.

A estas alturas, el público estaba casi a punto de crear un disturbio. Los cantantes no podían concentrarse en sus actuaciones ya que la multitud mantenía un ruido constante. Lo peor fue cuando Fígaro y Rosina cantaron a dúo, ya que su hermosa actuación fue casi sofocada por el público. Después del primer acto Rossini se marchó, pero no sin antes elogiar a los artistas por haberse mantenido admirablemente serenos y por haber demostrado un supremo profesionalismo.

Rosini puso el pretexto de que se sentía mal, se fue a su casa y prometió quedarse en cama. La noche siguiente, durante la segunda actuación de Almaviva, el público, arrepentido del injusto comportamiento de la noche anterior, decidió escuchar con atención la nueva producción. Todo mundo permaneció en silencio, en reconocimiento de que presenciaba una nueva obra maestra. Ante el júbilo y la satisfacción del elenco, el público otorgó un espontáneo y estruendoso aplauso. Sólo que el creador de la obra continuaba ausente, fingiendo que se recuperaba de su malestar y haciéndose el dormido. Algunos de los amigos de Rossini fueron a su casa y lo levantaron, llenos de regocijo por el éxito obtenido. Las subsecuentes actuaciones sólo sirvieron para aumentar el aprecio del público.

Paisiello murió en junio de 1816. Rossini pensó que ahora sí podía, con todo respeto y sin la censura del público, cambiar el nombre de su ópera Almaviva al título original de Il Barbiere di Siviglia. En septiembre, Il Barbiere di Siviglia se presentó en Bolonia, donde se programó con ese título y más tarde, en el mismo año, se presentó en Florencia. En los dos años que siguieron, se presentó por todo Italia y en el exterior. Para cuando se presentó en Roma, cinco años más tarde, miles de actuaciones adornaron cientos de escenarios en el mundo entero. Hoy en día, El barbero de Sevilla sigue siendo una de las óperas más populares y es la más frecuentemente representada por companías de teatro alrededor del mundo.