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Charles Gounod. Romeo y Julieta.


Extraido y editado de los archivos de la N.Y.Met Opera

Gounod se enamoró de la historia de los amantes desdichados de Shakespeare a los diecinueve años, cuando concurrió a un ensayo orquestal de la sinfonía dramática “Roméo et Juliette” de Berlioz. Aquel poderoso retrato musical de la tragedia shakespeariana marcó a Gounod profundamente. La pieza todavía no había sido publicada, mas el joven compositor memorizó largos trechos y los tocó para Berlioz días después. Convencido de que Gounod había conseguido una copia de la sinfonía, Berlioz le preguntó: “¿Cómo diablos fue que la consiguió?”. “En uno de sus ensayos”, fue la simple respuesta.

En 1864, décadas después, Gounod se propuso crear una versión operística de Romeo y Julieta. Sus antiguos colaboradores, el talentoso grupo de libretistas de Jules Barbier y Michel Carré, siguieron la conocida tragedia escena por escena, preparando un libreto en apenas tres meses. Simplificaron la historia original de Shakespeare, eliminando personajes secundarios y reduciendo la trama a sus elementos esenciales; Gounod pudo así focalizar su atención en el romance arrebatador que es el corazón de la trama. También agregaron elementos específicos para hacer que el libreto sea más operístico: como una escena nupcial, en la que Juliette se desmaya dramáticamente, justo en el momento en que Páris está por colocar una alianza en su dedo.

En la primavera de 1865, inspirado por la belleza natural de la Riviera Francesa, Gounod se avocó de lleno a escribir. En cuanto se dejaba llevar por la ópera, las notas fluían sin esfuerzo de su pluma. En una carta a su esposa, Gounod admitió, más tarde, que escribir Roméo et Juliette lo había hecho sentir como si hubiera vuelto a los veinte años otra vez. Los personajes de los dos amantes estaban tan vivos en su corazón, que en verdad los sentía presentes a su alrededor: Romeo y Julieta le hacían compañía.

En el estreno mundial en París, en abril de 1867, las magnificas arias y los ardientes dúos de amor hicieron de la ópera un gran suceso. En menos de un año, la ópera atraía enormes audiencias en Inglaterra, Bélgica y Alemania. Algunas presentaciones incluían hasta participaciones inesperadas del público. En una de las funciones en Chicago, con Nellie Melba (Juliette) y Jean de Reszke (Roméo), un admirador fanático se pasó del palco al escenario: ¡él también se había enamorado de Juliette! De Reszke valientemente desenvainó su espada y se colocó entre el loco y Juliette, empujándolo fuera del escenario.

Hasta los cantantes se contagiaban de la fuerte emotividad de la ópera: Cuando Adeline Patti cantó con su Romeo, Nicolini, en la Ópera de París, alargó la escena del balcón con nada menos que veintinueve besos. Al poco tiempo se divorciaría de su marido, el Marqués de Caux, y se convertiría en la Sra. Adelina Nicolini.

Roméo et Juliette llenó teatros de ópera con multitudes de admiradores fanáticos, mas no encantó a todo el mundo. Algunos críticos afirmaban que Roméo et Juliette no estaba a la altura de Fausto, ópera anterior de Gounod. Ernest Newman escribió: “Uno de los desvaríos del mundo musical es que Romeo y Julieta sea material ideal para una ópera…ambos compositores y libretistas fallaron al no percibir que, además de estos dos personajes, existe muy poco en la pieza que ofrezca las cualidades intrínsecas de una ópera. Y hasta los personajes de Romeo y Julieta pecan en este sentido; aún en una ópera, el público espera algún tipo de maduración de los personajes... y los amantes de Verona no maduran”. Aún más, él afirma que cada amante sirve apenas para un aria y, juntos, para un dúo de amor y uno de muerte. Según él, los otros personajes eran “meras figuras secundarias”, dispensables a la trama. Gounod, sin embargo, buscaba impacto emocional y no perfección dramática. Se concentró en expresar cada capítulo de la historia de los jóvenes amantes, minuciosamente retratando sus emociones en música. Al público actual le continúa fascinando ser parte de la montaña rusa emocional de Gounod. Su ópera es considerada en el mundo entero como una de las mejores reproducciones musicales del relato shakespeariano.