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Grieg Edvard

Extraido y editado de Radio Beethoven



Fecha Nacimiento: 15 de junio de 1843 en Bergen
Fecha Muerte: 4 de septiembre de 1907 en Bergen



Edvard Grieg fue uno de los pioneros en el desarrollo de un nacionalismo musical escandinavo, mientras que su hábil manejo de la armonía cromática influyó el lenguaje de compositores como Grainger, MacDowell, Delius y Debussy.

Su precoz talento como pianista, educado inicialmente por su madre, le ganó la admiración de un importante violinista y compositor noruego, Olle Bull, quien aconsejó el envío del joven al Conservatorio de Leipzig. Grieg ingresó a esta institución en 1858 y permaneció en ella hasta 1862 adquiriendo un especial interés por la música de Schumann, Mendelssohn y Wagner.

A su retorno a Bergen, se integró rápidamente a la vida artística de Bergen, dando recitales y presentando algunas obras, pero insatisfecho, decidió ampliar sus horizontes trasladándose a Copenhague, principal centro cultural escandinavo de la época. Allí conoció al compositor líder de la escuela romántica escandinava, Niels Gade, gran amigo y colega de Mendelssohn y de Schumann que al ver la escasa producción publicada por Grieg le instó a crear una sinfonía. Aunque la tarea resultó ser bastante difícil, para un joven cuya enseñanza y temperamento no se adecuaban a ella, quedo concluida unos meses más tarde, en mayo de 1864.

Al ingresar a la vida cultural de Copenhague, Grieg conoció a destacadas figuras, como los músicos Emil Hartmann y Gottfred Matthison-Hansen, el cantante Julius Steinberg y los autores Hans Christian Andersen y Benjamin Feddersen. No es extraño, entonces, que sus asociaciones artísticas de este periodo hayan dado a sus creaciones un profundo carácter danés; en esa época no sabía nada de las aspiraciones nacionalistas noruegas y escasamente había escuchado algo del folclore de su patria.

Mientras se encontraba en Dinamarca, Grieg compuso varias partituras que, si bien aún no revelan un idioma basado en la cultura campesina noruega, son importantes al revelar la creciente individualidad que está tomando su estilo. Entre ellas encontramos una sonata para piano, su único aporte al género, que fue escrita en 1865, inspirada en su primer encuentro con la cantante Nina Hagerup, quien se convertiría no sólo en su esposa, sino también, en la más notable intérprete de sus canciones.

A fines de 1864, Grieg ingresó en una fase decisiva para su futuro desarrollo, al principio gracias al reencuentro con Ole Bull, que motivó cierto entusiasmo por conocer la cultura campesina de su patria, pero sobretodo al conocer y trabajar junto con el compositor Rikard Nordraak. En este joven estaban cifradas todas las esperanzas de la escuela nacionalista noruega, e influido por él Grieg decidió su total consagración a un estilo romántico basado en el folclore de su tierra, pero la repentina muerte de Nordraak en marzo de 1866, frustró no sólo el desarrollo de un importante talento, sino también la realización de proyectos significativos para promover la creación artística noruega.

Conmovido por la muerte de su gran amigo, Grieg se propuso llevar a cabo sus ideales, siendo el primer paso un concierto con música noruega en octubre de 1866. La recepción fue notable y la crítica lo consideró como el compositor más promisorio de la nueva generación, gracias a lo cual pudo ganar cierto renombre que le atrajo alumnos y el puesto de director de la Harmoniske Selskab.

Fue también en 1866 que compuso la primera serie de sus llamadas Piezas Líricas para piano, abordando un género que retomaría a lo largo de toda su vida y que lo caracterizaría como un consumado creador miniaturista. Aunque están agrupadas en ciclos de seis a ocho obras, son composiciones autónomas que generalmente evocan estados de ánimo provocados por el paisaje, la gente, el mundo de los niños, etc. Carentes de una virtuosidad extrema y bastante simples en su estructura, dichas piezas se caracterizan, además, por un idioma que funde la tradición popular nórdica con reminiscencias de la música de Brahms, Schumann y Chopin.

1867 fue un año trascendental para Grieg; en el aspecto profesional, consolida un importante sitial dentro de la vida artística y cultural de su país, al fundar, junto al crítico Otto Winter Helm, la Academia de Música de Noruega; en el ámbito personal, su matrimonio con la cantante Nina Hagerup, quien desde hace algún tiempo le acompaña en sus recitales, proporciona la estabilidad emocional necesaria para realizar con tranquilidad la agotadora labor creativa, educativa e interpretativa que asume a partir de entonces.

También es en 1867 que inicia, respondiendo a un exuberante impulso juvenil, la composición de su obra más popular, el Concierto para piano en la menor, el que completó en junio de 1868 mientras se encontraba en Dinamarca junto a su esposa. A pesar del paralelo estilístico que tiene con los conciertos de Schumann y de Liszt, la partitura logra su individualidad gracias a un material temático atractivo y variado, un tono especial influido por la música autóctona noruega y el gran manejo melódico romántico del autor.

Durante la primera mitad de la década de 1870, el trabajo creativo de Edvard Grieg estuvo muy ligado al teatro, colaborando con partituras incidentales para dos importantes obras: Sigurd Jorsalfar y Peer Gynt. De ellas la más extensa y popular es la segunda, cuyo autor, Henrik Ibsen, basó su poema original en cuentos folclóricos recolectados por Asbjornsen y él mismo en una región de Noruega llamada Gudbrandstal.

A comienzos de 1874, Ibsen decidió adaptar su poema dramático al teatro e inició el proyecto consultando a Grieg, quien por entonces era el principal compositor noruego, si deseaba colaborar escribiendo una partitura incidental para la obra. El músico aceptó y concluyó en septiembre de 1875 una creación para cantantes solistas, coro y orquesta, la que fue estrenada con el drama en febrero del año siguiente, logrando un éxito enorme.

Gracias a esta colaboración, y otras posteriores, Grieg pudo promover el arte noruego en una escala mucho más amplia de lo que habría soñado. Y como parte de ese esfuerzo siempre se dedicó a difundir la música de su patria, organizando conciertos y festivales, fundando escuelas y sociedades de promoción, mostrando en el extranjero su trabajo y el de sus compatriotas, etc.

El interés de Grieg por la música folclórica encontró otra inspiración en la recolección de "Antiguas y Nuevas Melodías Montañesas" realizada por Ludwig Mathias Lindeman. Gracias a ella logró profundizar sus conocimientos sobre la canción autóctona y empleó algunas melodías dentro de su propia creación. Fue el caso de las Danzas Noruegas op.35, compuestas en 1881 para piano a cuatro manos y orquestadas posteriormente por el conductor y violinista checo Hans Sitt.

Una canción también sirve de base para una de las obras más atractivas y efectivas de Grieg, su cuarteto en sol menor compuesto entre 1877 y 1878. Considerado como su gran aporte a la música camerística, este trabajo revela la poderosa influencia provocada por sus partituras incidentales para Sigurd Jorsalfar y Peer Gynt, en las que su deseo de plasmar sensaciones y describir ambientes, se tradujo en la adopción de algunas características impresionistas que, eventualmente, afectaron varias de sus creaciones. Tanto en el aspecto tonal, como en el estructural, el cuarteto de Grieg es un notable precedente para Debussy y su obra similar en sol menor.

La década de 1880 fue una etapa de bastante actividad para Grieg, tanto en el plano interpretativo como en el creativo; después de ejercer, durante dos años, el puesto de director de la Harmoniske Selskab de Bergen, el músico decidió dejarlo, siendo su último cargo oficial, para embarcarse, en 1883, en una gran gira de concierto que le llevaría por Alemania y Holanda.

Esta serie de recitales le agotó tanto, que, a fines de ese año, se vio obligado a rechazar invitaciones similares a Inglaterra y a Francia, dedicando los meses del verano a la preparación de algunas obras. Dos partituras de este periodo, una cantata para voces masculinas y una suite para piano, fueron las contribuciones de Grieg para las celebraciones del bicentenario de Ludwig Holberg, considerado el padre de la literatura noruega y danesa.

También pertenece a estos años la Sonata para cello de Grieg, compuesta entre 1882 y 1883 para su hermano John. Sin ser una partitura tan importante dentro de su producción camerística, como pudiera serlo su cuarteto de cuerdas, es interesante la influencia que tiene el folclore noruego en el tratamiento melódico y en el desarrollo rítmico.

A partir de 1885, Edvard Grieg comenzó un patrón de vida que estuvo sujeto a muy pocas variaciones. La primavera y el inicio del verano los dedicaba a componer o a revisar viejos trabajos; luego tomaba unas pequeñas vacaciones y, durante los meses de otoño y de invierno, eran destinados a extensas giras de concierto por toda Europa.

Con ello no sólo amplió su círculo de amigos, sino también, adoptó una visión mucho más cosmopolita de su carrera. En cualquier caso, Grieg no dejó de lado su interés por la música autóctona de su patria y, por el contrario, acrecentó su explotación de tales idiomas dando paso a un segundo periodo nacionalista alrededor de 1890.

Los mejores ejemplos de esta renovación estilística pueden apreciarse en las miniaturas que integran las Piezas Líricas del op.54, originales para piano y orquestadas por el mismo Grieg, junto a Anton Seidl, arreglo publicado en forma de suite en 1905. Tan famosas como este Suite Lírica son otros arreglos para orquesta de Grieg, aquellos denominados Piezas Elegiacas Op.34 y Melodías Op.53 adaptadas en 1881 y 1891 a partir de canciones de los Ops.33 y 21.

A fines de la década de 1890, numerosas distinciones fueron conferidas a Edvard desde el extranjero, incluyendo doctorados honorarios de Cambridge y Oxford. Tambien realizó algunos artículos para diversos periódicos europeos sobre Mozart, Schumann y Verdi, pero lo más importante, sin duda, fue la culminación de sus esfuerzos por mejorar el nivel artístico de su patria con la realización de un Festival de Música Noruega en la ciudad de Bergen, en 1898, que incluyó obras de Svendsen y otros compositores locales.

Fue para dicho festival que Grieg compuso una de sus obras más populares y atrayentes, las Danzas Sinfónicas op.64, basadas en danzas noruegas contenidas en una recopilación de música folclórica realizada por Ludwig Mathias Lindeman. Junto a una juvenil sinfonía y al famoso concierto para piano, estas Danzas se constituyen en el trabajo orquestal más sustancial del compositor. Su estilo puede ser considerado como un maduro y talentoso resumen de una labor creativa ligada, por más de tres décadas, al idioma autóctono de Noruega.

Después de realizar el Festival de Música de Noruega, Grieg condujo su partitura para Sigurd Jorsalfar de Bjornson en la inauguración del Teatro Nacional de Christiania (hoy Oslo). Luego continuó en sus agotadoras giras de concierto por Europa, las que ocuparon casi todo su tiempo durante este periodo final de su vida. Casi dos años antes de fallecer, Grieg compuso su última obra, Cuatro Salmos op.78, basados en melodías folclóricas.

Al poco tiempo de su muerte, la reputación de Grieg disminuyó notoriamente, debido a que la mayoría de los músicos no tomaba muy en serio sus creaciones y las calificaban de empalagosas o pasadas de moda. Tal como Liszt y Mendelssohn, Grieg debió sufrir el rechazo del anti-romanticismo provocado por la Primera Guerra Mundial.

Sin ser un compositor de la talla de un Bach o un Beethoven, habría que destacar que fue uno de los nacionalistas que aportó algo nuevo a la música, anticipando en muchas de sus obras características que, más tarde, desarrollarían Debussy y Bartok. En todo caso, mucho más trascendental fue su trabajo por establecer un nivel elevado de ejecución y periodismo musical en su país, así como su labor y apoyo en pro de la difusión de una música que reflejara la esencia del pueblo noruego.