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Guillermo Tell

 

Fuente: Diccionario de la Ópera de Kurt Pahlen

 


De acuerdo con la opinión de muchos conocedores, Rossini creó con Guillermo Tell su obra maestra. Su manera de trabajar más tranquila, que caracteriza en general este último período creativo de París, rinde en esta obra sus frutos más maduros. Una de las obras más importantes de la historia de la ópera; sin duda seguirá despertando entusiasmo en las generaciones futuras.


El drama suizo de Schiller constituye la base de esta última ópera del maestro Gioacchino Rossini, que había alcanzado una extraordinaria popularidad. El libretista Victor Joseph Étienne (que escribía con el seudónimo de De Jouy) había buscado como colaborador a Hippolyte Louis Florent Bis.

Rossini compuso una gran obertura, que se convirtió en una de las piezas de concierto más interpretadas de todas las épocas. Está articulada en varias partes y con su esquema lento-rápido-lento-rápido acentúa su relación con la forma antigua. En las partes lentas es de una belleza superior, la rápida marcha final es encantadora, pero ha caído un poco en lo insustancial, tal vez por haberse ejecutado demasiadas veces, aunque no pierde su efecto cuando se interpreta bien.

La primera escena de la ópera muestra un paisaje de primavera: nos encontramos en las idílicas orillas del lago de Vierwaldstatt. El anciano Melchthal, siguiendo la antigua costumbre, está a punto de bendecir a los novios; sin embargo, Leuthold, que llega sin aliento, interrumpe la fiesta. Ha matado a un soldado del odiado ejército de ocupación de los Habsburgo, que pretendía abusar de su hija. Sólo una rápida huida a través del lago puede salvar su vida. Guillermo Tell, que siempre demuestra tener mucha más lucidez que los jefes de la resistencia helvética, se va con él en una barca que sabe conducir con mano segura hacia la libertad a pesar de lo que se avecina. Los jinetes del corregidor GeBler, que llegan inmediatamente después, destruyen todo lo que encuentran a su paso y encierran al anciano Melchthal. Su hijo Arnold está enamorado de la princesa Mathilde de Habsburgo. Para ganar su corazón, se mantiene alejado de sus conciudadanos, incluso parece dispuesto a tomar partido por los ocupantes. Pero la noticia de que los esbirros de GeBler han asesinado a su anciano padre, más una seria conversación con Tell y Walter, lo devuelven al campamento de los patriotas.

La escena siguiente muestra el juramento de las comunidades de Uri, Schwyz y Unterwalden, el acto de fundación de la Confederación, que Schiller describió en un grandioso cuadro dramático. Rossini lo subraya por medio de un conjunto solemne y conmovedor.

Después de una escena en la que Arnold y Mathilde se dicen adiós con lágrimas en los ojos, pues la princesa comprende y aprecia la actitud de su amante, presenciamos uno de los grandes actos dramáticos de la literatura universal. El cruel corregidor GeBler se ha mandado hacer un sombrero como símbolo de su autoridad y exige de todos los transeúntes un respetuoso saludo. Pero Tell pasa orgullosa-mente sin inclinarse. Lo encarcelan por rebelde y lo condenan a atravesar con una flecha una manzana puesta sobre la cabeza de su hijo. Tell acierta, pero no lo liberan porque dice abiertamente que otra flecha, que llevaba oculta, habría atravesado el corazón del tirano GeBler si hubiera fallado la primera. Lo llevan a prisión en el barco de GeBler, mientras en todos los bosques y montañas se convoca a la lucha contra los odiados enemigos. Durante el viaje por el lago azotado por la tormenta, Tell se salva saltando hacia las rocas y va al encuentro de los suyos. Cuando GeBler baja a tierra, una flecha lo atraviesa, cerca de Küssnacht. En las alturas arden hogueras que convocan a los confederados a luchar contra el poder extranjero y liberar a la patria.

De acuerdo con la opinión de muchos conocedores, Rossini creó con Guillermo Tell su obra maestra. Su manera de trabajar más tranquila, que caracteriza en general este último período creativo de París, rinde en esta obra sus frutos más maduros.

Rossini se toma el tiempo que necesita para pulir hasta el menor detalle de la partitura. ¿Intuye o sabe ya que será la última? Se puede decir que Guillermo Tell es una ópera internacional: la melodía es italiana, el idioma es francés, el argumento es suizo. Las grandiosas descripciones de la naturaleza tienen origen alemán: Beethoven señaló el camino en su Sinfonía Pastoral (que Rossini veneraba profundamente). Weber y Mendelssohn lo siguieron. También la arrebatadora retórica de Schiller da a la música de Rossini cierto rasgo patético. Y más todavía: esta obra es romántica antes que «alemana». Se pueden señalar en el romanticismo temprano muchas ideas alemanas, pero su rápida expansión por Europa, incluso por todo el mundo occidental, demostró que puso en libertad ciertos anhelos de todos los pueblos. Rossini había pasado de «clásico» a «romántico»; sin darse cuenta, había seguido la evolución de su época.

El estreno, en la Ópera de París el 3 de agosto de 1829, terminó con estruendosas ovaciones, a las que la prensa no se unió del todo. Después de mantenerse triunfalmente durante unos años en los teatros, algunos tuvieron crecientes dificultades para conseguir los cantantes idóneos, sobre todo para el papel de Arnold, cuyo registro de tenor es muy agudo.

En los años siguientes se impuso cada vez más en París el hábito dudoso de reunir en una sola velada fragmentos populares de diferentes óperas. De este modo se representó innumerables veces el acto segundo de Guillermo Tell, pero raras veces la ópera entera. Cuando se comunicó a Rossini, al final de su vida, que iban a cantar otra vez el segundo acto, brilló una vez más la ironía en el viejo socarrón: “¿De veras? ¿El segundo acto entero?”.

Guillermo Tell se cuenta entre las obras más importantes de la historia de la ópera; sin duda seguirá despertando entusiasmo en las generaciones futuras. Recordemos anecdóticamente que fue durante la representación de esta ópera en Barcelona, que inauguró la temporada de 1893-1894 (el 7 de noviembre), cuando estalló la célebre «bomba del Liceo»; en realidad se lanzaron dos, aunque sólo explotó una, causando veinte muertos en total.

Fuente: Diccionario de la Ópera de Kurt Pahlen