TodOpera:Bibliografias de Interes.Madrigales. Monteverdi
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Madrigales. Monteverdi

 

Extraido y editado de El Pais, 5-12-2004



 

Claudio Monteverdi fue un revolucionario cuyo puesto en la historia de la música está asegurado, entre otras razones, por el impulso que dio a la ópera en sus primeros escarceos y por su extraordinaria contribución al desarrollo del género madrigalesco. Las aportaciones en los dos campos son paralelas. Se publicaron ocho libros de madrigales en vida del autor entre 1587 y 1638. La evolución lingüística y conceptual se percibe libro a libro.

En una clara correspondencia con los valores artísticos dominantes de un mundo renacentista que va dejando su sitio al estilo del barroco, la polifonía va poco a poco, sin saltos bruscos, disminuyendo a favor de la monodia. Lo que se entiende por "primera práctica", es decir, el estilo polifónico tradicional, pierde presencia ante la "segunda práctica", que consiste en una dependencia de la música respecto al texto poético y al estilo "representativo", en la misma dirección de la naciente ópera y de los principios del humanismo florentino. Los cuatro primeros libros de madrigales de Monteverdi podrían situarse en la primera práctica, aunque las armonías son cada vez más atrevidas, y las disonancias, más originales y audaces conforme avanza la serie. El punto de inflexión está en el libro Quinto de Monteverdi, un diálogo llevado al límite entre el asentado perfeccionismo de lo antiguo y los emergentes valores en cambio de lo moderno, entre la tradición y la experimentación. Desde entonces, en los libros posteriores, caminan los madrigales monteverdianos sin posibilidad de retorno hacia algo más cercano a la cantata dramática o incluso la ópera en miniatura.

El libro Quinto vio la luz en 1605. Fue entonces cuando se escuchó por primera vez la expresión "segunda práctica". 1605: el año de publicación de la primera parte de Don Quijote. La coincidencia en el tiempo de la gran novela cervantina con el punto central de la revolución madrigalesca monteverdiana y con el nacimiento de la ópera es algo más que una casualidad e indica el empuje de los creadores de diferentes campos en la transformación de los valores de la sociedad a través de unas propuestas culturales imaginativas. La primera ópera que cristalizaría con proyección hacia el futuro -Orfeo- se estrenó dos años más tarde, en 1607, en Florencia. Monteverdi había dado de nuevo en la diana. Los valores de la antigüedad clásica y la música caminando al lado de la palabra ponían los cimientos de un género imprescindible en la evolución de la cultura occidental. De ello la música era la principal beneficiaria, pues subía de rango frente a la literatura, de mayor prestigio social en la época.

Desde el madrugador Orfeo de 1607 a La coronación de Popea en 1642, la ópera recorre un camino de Florencia a Venecia, de la mitología a la implicación histórica, de los círculos privados a los teatros públicos. El compositor Alfredo Aracil dijo en cierta ocasión que, de alguna forma, la ópera nacía y moría con Monteverdi. En medio siglo había recorrido, efectivamente, una distancia colosal.

 




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