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Rachmaninov Sergei

 

Extraido y editado de Radio Beethoven.





Fecha Nacimiento: 1873-4-1 en Semyonovo, Rusia
Fecha Muerte: 1943-3-28 en Beverly Hills, EEUU



Rachmaninov ingresó a los nueve años al conservatorio de San Petersburgo y a los quince se trasladó al de Moscú. Ahí recibió clases de Ziloti, Arensky y Taneyev. En 1891 completó sus estudios de piano y, al año siguiente, se graduó de la clase de composición presentando una ópera, Aleko, con la que logró las mayores distinciones.

Hasta entonces, su producción abarcaba algunas piezas para piano y otras para orquesta, además de su primera obra en ser publicada, el Concierto para piano en fa sostenido menor. Escrito entre 1890 y 1891, esta partitura muestra una notable influencia de los conciertos de Tchaikovsky para la misma combinación instrumental y, a la vez, la impetuosidad de un compositor joven en busca de su propio lenguaje. La partitura fue estrenada en 1892 en el conservatorio de Moscú y fue revisada, algunos años más tarde, por el propio Rachmaninov. Igualmente exitosa fue otra obra escrita poco antes de su graduación, el famoso Preludio en do sostenido menor incluido junto a otras cuatro piezas en su op.3 publicado en 1892.

Gracias al éxito obtenido por estas composiciones iniciales, Rachmaninov se sintió impulsado a escribir una sinfonía, completándola en septiembre de 1895. En su estreno, dos años más tarde, la obra confundió a la audiencia y los críticos la condenaron (Cesar Cui la calificó como "una sinfonía programática sobre las siete plagas de Egipto").

Tal recepción produjo en el compositor una profunda depresión seguida por un periodo de tres años sin componer. Este tiempo lo dedicó a la dirección orquestal en su país y en el extranjero, con lo que logró bastante suceso; sin embargo, esto no le inspiró para retomar la labor creativa y, finalmente, buscó la ayuda médica de Nikolay Dahl, especialista en tratamientos por hipnosis.

Después de unos meses, Rachmaninov fue curado de su depresión y comenzó a componer su creación más popular, el Concierto No.2 para piano. En diciembre de 1900, el músico estrenó el segundo y tercer movimientos, logrando tal éxito, que se sintió motivado a escribir un primer movimiento, dando la primera presentación del concierto completo el 9 de noviembre de 1901. Con este concierto el estilo de Rachmaninov comenzó a desarrollarse significativamente. La impetuosidad juvenil dio paso a las armonías suntuosas y las melodías líricas, intensas y apasionadas.

Y al estar seguro de su talento como compositor, se embarcó en importantes obras como la Sonata para Cello. Al igual que la Segunda Suite para dos pianos, también compuesta en esta época, la Sonata está invadida del carácter y la invención melódica del Concierto No.2 para piano. Es una partitura a gran escala en la más pura tradición clásica, aún cuando posee momentos en que la virtuosidad de la parte del piano ubica al violonchelo en un segundo plano.

Entre 1901 y 1906, Rachmaninov volcó todo su interés a la ópera, produciendo dos obras en el género y dirigiendo a la orquesta del Bolshoi durante dos temporadas. Sin embargo, los desórdenes políticos que por entonces afectaban a su patria también se hicieron sentir en el Teatro, y el músico, queriendo evitarlos, renunció a su puesto y se trasladó a Dresde, donde permaneció un tiempo. Ahí compuso dos importantes trabajos en el campo orquestal, su Segunda Sinfonía y el poema sinfónico La Isla de los Muertos. Esta última obra se inspira en una pintura homónima de Arnold Böcklin que describe el lugar imaginario al que llegan las almas que han partido.

Tres años después aparece el Tercer Concierto para piano y orquesta, poco antes de la primera gira de Rachmaninov por los Estados Unidos. La obra fue completada en octubre y la gira comenzó en noviembre. Unos días después, el concierto fue estrenado con el compositor como solista y la Orquesta Sinfónica de Nueva York dirigida por Walter Damrosch. La partitura fue nuevamente interpretada en enero de 1910 en el Carnegie Hall, esta vez con la Filarmónica de Nueva York bajo la conducción de Gustav Mahler.

El Concierto No.3, al igual que la Segunda Sinfonía, demuestra el estilo melódico característico de su autor, pero hay mayor confianza en el manejo de las estructuras a gran escala. El uso de la orquesta es muy variado y, estructuralmente, existe más continuidad en el Tercer Concierto que en cualquiera de los otros escritos por Rachmaninov. Por esto y otras características, se considera a esta obra como el mejor aporte del compositor al género.

Al concluir su primera gira por los Estados Unidos, Rachmaninov rechazó algunas ofertas y retornó a su casa de verano en Ivanovka. En ella encontró el descanso necesario para dedicarse a componer, creando varios trabajos importantes: los Preludios op.32, los Etudes-Tableaux op.33, la segunda sonata para piano y las Canciones op.34. La última de estas canciones se conoce como Vocalise, ya que es una canción sin palabras, y ha sido objeto de numerosos arreglos para diversas combinaciones instrumentales.

Otra serie de Etudes-Tableaux, el op.39, fue la última creación del músico antes de dejar Rusia. La serie fue completada y estrenada por el autor a comienzos de ese año en Petrogrado. Consiste de poemas tonales en miniatura sin asociaciones específicas, encapsulando, cada uno, un estado de ánimo diferente; de ahí su variedad, aún cuando comparten la cristalización de un sentimiento particular.

A fines de 1916, la situación interna en Rusia estaba en caos y el descontento popular contra el zar iba en aumento. Ante esto, Rachmaninov buscó la manera de dejar su patria y, aprovechando una invitación, partió a Estocolmo junto a su familia unos días antes de Navidad. En Estocolmo permanecieron por un tiempo y luego se trasladaron a Copenhague. Motivado por la situación económica por la que pasaban, el músico comenzó a ofrecer recitales, dejando de lado la composición.

A fines de 1918, concluyendo que los Estados Unidos podrían ofrecerle una solución a sus problemas, se embarcó junto a su familia hacia América, arribando a Nueva York en Noviembre. Su actividad como concertista fue agotadora, llegando a dar 40 recitales en cuatro meses. Sólo para la temporada 1923-1924, ella disminuyó, y no fue hasta fines de 1925, que el músico pudo dedicar algún tiempo a componer. Tenía en mente agregar un nuevo concierto a su repertorio y en 1926 completó su Cuarto concierto para piano. Al considerar la pieza muy extensa, le hizo algunos cortes antes de estrenarla en Filadelfia en marzo de 1927. La crítica no la recibió con mucho entusiasmo y nuevamente el compositor le hizo alteraciones y cortes antes de publicarla.

Después del Cuarto Concierto para piano se produce un vacío dentro de la labor creativa de Rachmaninov provocado por su dedicación exclusiva a dar recitales. Su siguiente obra, las Variaciones sobre un tema de Corelli, recién aparecieron en 1931. Basadas en un tema antiguo que Corelli había empleado, estas Variaciones muestran un cambio notable en su escritura pianística, especialmente en lo que a textura y ritmo se refiere. De hecho, mostraron el sentido creativo que tomaron sus últimos trabajos, como es el caso de la Rapsodia sobre un tema de Paganini escrita en 1934. Esta partitura se basa en uno de los Caprichos para violín solo del italiano, y, en cierto modo, Rachmaninov trató de representar en ella la virtuosidad y la personalidad de Paganini.

Tal característica motivó al famoso coreógrafo Mikhail Fokin a realizar un ballet basado en la legendaria vida de Paganini utilizando la música de su compatriota. El ballet fue estrenado en el Covent Garden en 1939 y, aunque no pudo asistir a la presentación, el compositor tomó parte importante en la versión coreográfica de su partitura.

Los últimos aportes de Rachmaninov son todos orquestales y revelan el interés del compositor en las cualidades tonales de los instrumentos. A la Rapsodia siguió una tercera sinfonía, completada en 1936, pero revisada en 1938, y las Danzas Sinfónicas, escritas en 1940.

En su construcción armónica y en su vitalidad rítmica, estas danzas representan el mejor ejemplo del estilo tardío del compositor, y en la utilización de temas basados en cantos eclesiásticos, revelan la fascinación que Rachmaninov tenía por la música sacra, una fascinación que se acentuó en sus últimos años de vida. No sin razón, Rachmaninov sabía que su fin se acercaba y escribió, al final de la partitura, "Te lo agradezco, Señor"...




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