|
|||
Extraido y editado de Radio Beethoven.
Marscher (1795-1861) fue un artista cuya mayor figuración se dio por su dedicación a la ópera, llegando a ser uno de los grandes de la ópera alemana de la primera mitad del siglo 19. Marshner compuso 23 óperas. De ellas sólo dos han alcanzado una mayor difusión: “El vampiro” de 1828 y “Hans Heilling” de 1833.
No obstante la fama y reputación que tuvo en su tiempo, hoy es un compositor bastante relegado. La causa principal de este hecho se funda en que fue un nexo entre Carl María von Weber y Richard Wagner, dos colosos de la música alemana y del género operístico en particular, frente a los cuales en nuestros días Marschner se ubica en plano bastante secundario o menor.
Señalando fechas, debe anotarse que el exitoso “Cazador furtivo” de Weber se estrenó en 1821 y su compositor falleció en 1826. Las operas de Marschner comenzaron a ver la luz en esa misma década de 1820. Pero pronto, en la década siguiente, surgiría Richard Wagner, primero con óperas menores, para irrumpir a mayor escala con “El holandés errante” y “Tannhäuser”, en 1841 y 1845, respectivamente.
Marschner desarrolló su carrera en varias ciudades europeas, hasta asentarse en Dresden, donde la figura principal de la actividad musical era Weber.
Cuando este murió, ocupaba el cargo de Director de la Opera de esa ciudad. Pese a que entre Weber y Marschner no se había cultivado una buena relación, éste suponía que tan importante cargo recaería sobre él. Pero no fue así y se vio afectado por un período de evidente desanimo.
Se señala que fue en este tiempo cuando en Marschner prendió la idea de escribir un “coro de brujas”. Teniendo esto en mente, en el compositor hubo buena recepción para acoger el libreto de “El vampiro”, que le presentara en 1827 su cuñado Wilhelm August Wohlbrück.
Los cuentos y relatos sobre vampiros estaban particularmente de moda en países europeos. El romanticismo literario y artístico en general los acogía con gusto. Por entonces fue había alcanzado mucho auge la novela “Frankenstein” que la inglesa Mary Wollstonecraft escribió en 1816, durante unas vacaciones que pasó en Suiza junto a su futuro marido Percy Shelley y Lord Byron.
Bajo la indudable influencia de esta corriente “gotica” fue que Lord Byron también hizo lo suyo esbozando unos escritos sobre la historia de un vampiro, los cuales no fueron terminados ni concretados en un cuento o novela.
El científico y médico personal de Lord Byron, John Polidori, quien tenía ambiciones de ser un cotizado hombre de letras, tomó esos borradores y les dio una estructura coherente y un final inventado por él y lo dio a conocer con el título de “El vampiro”, en una publicación londinense llamada The New Monthly Magazine
En este relato el vampiro es Lord Ruthven, un aristócrata, urbano y cruel, sin esa flaqueza ante los espejos y las cruces que hoy asociamos con el personaje del Conde de Drácula, creado por Bram Stoker en 1897.
De los escritos de Byron y de Polidori surgieron múltiples adaptaciones e incluso piezas teatrales. Una de ellas, en idioma francés, fue la que Wilhelm August Wohlbrück presentaría a su cuñado de Marschner, como tema para una ópera.
Esta nueva ópera, con el mismo título de “El vampiro”, fue estrenada en Leipzig el 29 de marzo de 1828. alcanzando gran éxito, llegando pronto a otras ciudades europeas como Moscú, San Petersburgo, Copenhague, Budapest y Londres. Para señalar los éxitos que tuvo la obra en su tiempo, baste consignar que sólo en la capital inglesa, tuvo 60 representaciones seguidas.
En 1924, el compositor Hans Pfitzner revisó la partitura de la ópera.
Como se señalara, Marschner es el directo sucesor de Carl María von Weber, trazando un camino hacia el advenimiento de Richard Wagner.
“El vampiro” en cierta medida fue concebido a la imagen de “El cazador furtivo” de Weber. En ambas óperas hay personajes con aristas sobrenaturales y malignas, pero en la propuesta de Marschner hay un avance estructural, armónico y dramático más allá de lo alcanzado por Weber.
Mientras éste trabajó su “Cazador” dentro de un idioma diatónico muy aliado con la canción popular, en “El Vampiro” Marshner introdujo progresiones cromáticas y líneas melódicas que buscan acrecentar la tensión dramática. Este uso del cromatismo será luego más trabajado por Richard Wagner, llegando a su clímax en su “Tristán e Isolda” de 1865.
ARGUMENTO
La acción de “El Vampiro” se desarrolla en Escocia en el Siglo 18, en el castillo del Sir Humphrey Davenaut y sus alrededores.
Acto primero
Es medianoche. Una reunión de brujos y demonios tiene lugar en un salvaje lugar. Entre truenos aparece el Gran Maestro presidiendo la ceremonia y trayendo a Lord Ruthven, el vampiro, quien a causa de sus prácticas de magia negra está poseído por el demonio.
Según las declaraciones del Gran Maestro, con el fin de poder pasar un año más en la tierra Ruthven tendrá que succionar la sangre de tres muchachas vírgenes. Esto tendrá que realizarlo dentro de las próximas 24 horas, porque de lo contrario perderá su vida y su alma.
Un reloj da la una de la madrugada y Ruthven se regocija, llevado por una sed de sangre. El ya ha escogido su primera víctima, la bella Janthe Berkeley, a quien logra dominar con su maléfico encanto.
A pesar de que la muchacha debe casarse al día siguiente, abandona su casa y se une al vampiro durante la noche, entregándose a sus brazos. Su padre, Sir John Berkeley, sale en su búsqueda acompañado de un grupo de amigos, pero Janthe se esconde en una cueva junto a su seductor.
No pasa mucho tiempo y se oyen los gritos de la joven mezclados con la satánica risa de Ruthven.
El grupo de Sir John irrumpe en la cueva y sus ojos son testigos de la macabra escena de ver a Janthe sin vida con su cuerpo ensangrentado.
Todos huyen aterrorizados, menos Sir John, quien se arroja sobre Ruthven, lo ataca con un puñal y le hiere una mano.
Hasta allí llega Sir Edgard Aubry, un joven cuya vida fue salvada por Ruthven hace algunos años y que ahora no sabe de su condición de vampiro.
Ruthven le pide que lo lleve hasta un lugar donde llegue la luz de la luna, asegurándole que eso lo curará.
Aubry ahora comprende la situación de Ruthven y experimenta un terrible horror, pero ayuda al vampiro, porque tiene con él una deuda de gratitud. Ruthven le pide entonces como gran favor: que guarde el secreto, porque si lo revela él también se convertirá en vampiro.
La escena luego cambia por completo. Estamos ahora en el castillo de Sir Davenaut, donde su hija Malwina disfruta de una mañana primaveral. Ese día cumple 18 años y la muchacha recibe la visita de Edgard Aubry, a quien ella ama. Pero la alegría no dura mucho, ya que su padre le advierte que quiere casarla con un noble de la alta sociedad, el rico Conde de Letzen.
Los enamorados imploran al padre aceptar su amor, pero éste es inflexible. Ha dado su palabra y la no variará su decisión.
Se anuncia la llegada del Conde de Letzen y Edgard Aubry descubre que éste es nada menos que Lord Ruthven, el vampiro, a quien no vacila en tratarlo por su verdadero nombre. El recién llegado alega que no es Lord Ruthven sino su hermano, quien ha estado fuera por mucho tiempo.
Aubry, atónito, está convencido que Ruthven y el Conde de Letzen son la misma persona, más aun cuando éste tiene una mano herida.
Sin embargo, cuando Aubry intenta denunciar al vampiro, éste le recuerda el compromiso de silencio que contrajo.
Llega la noche y los preparativos de la boda avanzan, mientras que Malwina y Aubry meditan sobre su infeliz destino.
Acto segundo
En una posada de la aldea cercana al Castillo de Davenaut tiene lugar otros preparativos nupciales.
Contraerán matrimonio Emmy, la más bella muchacha del lugar, y George Dibbin, un sirviente del castillo.
Mientras Emmy espera a su prometido, comenta con la gente la horrible muerte de Janthe y la igualmente horrible leyenda del vampiro.
En este preciso momento, Lord Ruthven entra a la posada manifestando su intención de pagar los gastos de la fiesta nupcial. Llevándose a Emmy a un lado pone en práctica sus artes de seducción a la vista del sorprendido novio.
Pero hasta allí llega Aubry, quien de inmediato trata de detener los avances de Ruthven, advirtiéndole que deje en paz a Malwina. Pero el vampiro le advierte el terrible destino que pende sobre él.
Aubry cae en la desesperación por su obligado silencio, aunque advierte a George que por ningún motivo pierda de vista a Emmy, quien ahora baila con Ruthven.
Pero ya es demasiado tarde, pues Ruthven se ha llevado a su nueva víctima hacia el bosque.
En la posada se continúa bailando y bebiendo. El ánimo festivo de pronto es interrumpido por la llegada de George, que ha corrido tras los gritos de Emmy.
Enloquecido, cuenta que la encontró muerta, cuando el vampiro estaba todavía junto a ella, y que con un disparo de su arma logró herir a este ser maléfico.
La última escena toma lugar dentro del castillo de Davenaut.
Todas las súplicas de Malwina a su padre han sido inútiles; el matrimonio con el conde se llevará a cabo a medianoche. Aubry pone a la muchacha en guardia, advirtiéndole el peligro que la acecha, no revelando, sin embargo, el terrible secreto que debe guardar.
Malwina decide confiar todo a Dios, frente a quien todos los males y demonios son impotentes. Mientras los invitados a la boda van entrando, finalmente llega Ruthven, quien se disculpa por la tardanza.
Malwina implora una vez más a su padre, tratando de persuadirlo a que detenga la boda. Aubry declara a viva voz que el Conde no es una persona honorable pues ha cometido varios crímenes.
Furioso, Davenaut ordena que Aubry sea expulsado de la sala e invita a los invitados a trasladarse a la capilla, donde la ceremonia nupcial tendrá lugar.
Todos estos sucesos han causado una considerable demora y el fatal límite de la medianoche para Ruthven ya está cercano.
El vampiro no oculta su impaciencia. Se desata una tormenta y se escucha la voz de Aubry quien acusa a Ruthven de ser un monstruo. Justo cuando va a pronunciar la palabra “vampiro” se oye el eco del mortal toque de la una de la mañana.
Envuelto por los sonidos de un trueno, el perverso conde es alcanzado por un rayo mortal y se hunde en las entrañas de la tierra. Ruthven no fue exitoso en su infernal misión.
Davenaut, enloquecido y estupefacto, pide perdón a su hija, la bendice y la da en matrimonio al fiel Aubry.
Todos los presentes alaban a Dios por haber salvado a la muchacha.